Conceptualización del Trastorno del Espectro Autista

La conceptualización del Trastorno del Espectro Autista

El 2 de Abril se celebró el Día Mundial de Concienciación del Autismo. El autismo y las alteraciones de la comunicación se ha convertido en una realidad cada más habitual en los centros educativos, tanto ordinarios como en los de Educación Especial.

Autismo es una palabra de origen griego, “autos”, que significa en sí mismo y que ha sido utilizada de manera inadecuada a lo largo de la historia de la psiquiatría. Paul Eugen Bleuer, psiquiatra suizo de primera mitad del siglo XX, fue el primero en utilizar dicho término en un tomo del American Journal of Insanity en 1911, para referirse a algunos pacientes que tenían esquizofrenia.

La clasificación médica del autismo no ocurrió hasta 1943, cuando el doctor Leo Kanner, Médico psiquiatra de origen austríaco, describe en su famoso artículo “Trastornos autistas del contacto afectivo” el estudio que realizó con un grupo de 11 sujetos (8 niños y 3 niñas), que presentaban algunas características comunes. Fue entonces cuando introdujo la clasificación de autismo infantil precoz que ha variado poco desde entonces.

Kanner, en aquel año, estableció como características más relevantes del trastorno:
– La extrema soledad autista o incapacidad de establecer relaciones sociales con otras personas.
– El retraso en la adquisición y el uso del habla y del lenguaje, así como las peculiaridades del mismo presentando mutismo, ecolalias, inversiones pronominales y/o lenguaje sin intención comunicativa real, es decir, alteraciones del lenguaje y de la comunicación muy severas, tanto en el plano expresivo como en el receptivo.
– La resistencia obsesiva a la variabilidad del ambiente, es decir, la necesidad de que nada cambie.
– Así como la existencia de un amplio repertorio de actividades ritualizadas, repetitivas y estereotipadas; presentando normalmente estos sujetos con autismo, una memoria mecánica excelente, con buen potencial cognitivo y en ocasiones con “habilidades especiales”; además de un aspecto físico muy normalizado, con fisonomía inteligente, hipersensibilidad a los estímulos, y aparición de los primeros síntomas desde el nacimiento. Kanner hablaba de carácter “innato” de las alteraciones autistas.

Un año más tarde el pediatra y psiquiatra Hans Asperger es un artículo titulado “La psicopatía autista en la niñez” dio a conocer 4 casos de niños con psicopatía autista, donde además de observar algunas de las características descritas por Leo Kanner, señalaba sus extrañas pautas expresivas y comunicativas, las anomalías prosódicas y pragmáticas de su leguaje; la limitación, impulsividad y carácter obsesivo de sus pensamientos y acciones; la falta de contacto ocular y los problemas de conducta. Además Asperger, destacaba el papel de la educación como tratamiento más aconsejable. Anotaciones brillantes, escritas en alemán, que por efecto de la 2ª Guerra Mundial cayeron en el olvido y no se consideraron y tradujeron al inglés hasta 1991.

Desde que en 1943 Leo Kanner describiera el autismo, como un cuadro de alteraciones que incapacita a la persona para establecer relaciones con otros, los avances sobre las causas de este trastorno han permitido dejar atrás concepciones erróneas. Actualmente se considera que las causas del autismo son múltiples y tiene un origen biogenético, el conocimiento del cerebro, el desarrollo de la neuropediatría y la neuropsicología infantil, entre otras disciplinas, permiten hablar de esta etiología biológica.

A partir de las investigaciones de Lorna Wing y Judith Gould, publicadas en 1979, se comienza a hablar del Espectro Autista (TEA), para referirse a las distintas formas en que este trastorno puede aparecer en la población afectada; efectivamente, estas autoras recogen que las disfunciones psicológicas que subyacen en al autismo, se pueden manifestar de muchos modos distintos y suponen un continuo, que va mucho más allá de los límites del síndrome de Kanner. Desarrollan entonces el concepto de un espectro autista, basado en una triada de alteraciones; interacción social, comunicación e imaginación. (L.Wing y D.Potter, 1999).

Hoy en día, la triada de Wing es comúnmente aceptada y conforma un grupo de factores determinante, que tiene que presentarse de manera conjunta, para el diagnostico del trastorno. Ahora bien, recientemente se ha redefinido y clasificado el concepto de Autismo y trastornos del espectro autista. Para ello vamos a hacer un breve recorrido histórico del tratamiento conceptual en el manual diagnóstico internacional.

1. DSM-I y en el DSM-II (1952 Y 1968) el Autismo era considerado un síntoma de la Esquizofrenia.
2. DSM-III (1980) se comenzó a hablar de autismo infantil.
3. DSM-III-R (1987) se incluyó el Trastorno Autista.
4. DSM-IV-TR (2000) se definen cinco categorías diagnosticas dentro de los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD): Trastorno Autista, Trastorno de Rett, Trastorno Desintegrativo Infantil, Trastorno de Asperger y Trastorno Generalizado del Desarrollo no especificado.
5. DSM-V (2013) se habla de una única categoría, el Trastorno del Espectro del Autismo (TEA).

El DSM-V reorganiza y renombra la anterior clasificación, pasando a denominarse esta categoría como Trastorno del Espectro Autista, incluyendo un dolo diagnóstico y, por tanto, eliminando las etiquetas de los siguientes trastornos: Síndrome de Asperger, Trastorno Infantil Desintegrativo y Trastorno Generalizado del Desarrollo no especificado. Los síntomas de los trastornos de este espectro atienden a un continuo de leve a grave, y por tanto, en realidad no se tratan de trastornos distintos.

Se definen los trastornos generalizados del desarrollo por una perturbación grave y generalizada de varias áreas del desarrollo:
– Habilidades para la interacción social (vertiente relacional)
– Habilidades para la comunicación (vertiente comunicativa)
– Presencia de comportamientos, intereses y actividades estereotipados (vertiente conductual).

Las alteraciones cualitativas que definen estos trastornos son claramente impropias del nivel de desarrollo o edad mental del sujeto. Estos trastornos suelen ponerse de manifiesto durante los primeros años de vida y acostumbran a asociarse a algún grado de retraso mental.

La perturbación para desarrollar las habilidades sociales, supone la dificultad en el uso de comportamientos no verbales, como son el contacto ocular, expresión facial, posturas corporales y gestos reguladores de la interacción social. Dificultades para compartir intereses, disfrutes y logros. Incapacidad para desarrollar relaciones con iguales. Falta de reciprocidad social.

Las perturbaciones en las habilidades de comunicación, se refieren a dificultades en el desarrollo del lenguaje o a la no aparición de este. Cuando el lenguaje existe el habla es monocorde, no hay entonación, se dan ecolalias y confusión del uso del yo y el tú, además de un comprensión literal del lenguaje; la mímica parecer estar ausente, y no ocurre como en el caso de los niños sordos, que la emplean para compensar sus carencias de hablar; cuando señalas, lo hacen para expresar una necesidad y no como signo de compartir algo; el juego carece del aspecto simbólico propio de los niños; tienen dificultades en ponerse en el lugar del otro, comprender lo que piensan los demás, o que les impiden saber por qué hacen las cosas.

La presencia de comportamientos, intereses y actividades estereotipados en sus actividades, hace referencia a suelen mostrar rigidez para realizar cambios en las actividades y manifiestan un alto grado de ansiedad cuando estos cambios se producen, pueden llegar a ser inflexibles en las rutinas diarias; aparecen manierismos motores, como aletear de manos o retorcimiento de dedos; el interés por determinados objetos y por los detalles de éstos es inusual. Al igual que existen carencias y dificultades en sus habilidades, comportamientos e intereses, también, pueden darse casos, en que ciertas capacidades no estén afectadas. Algunos autores han llamado a estas capacidades conservadas islotes de competencia, que son áreas en las que el alumno muestra una capacidad normal o más alta de lo que podría esperarse para su edad. Y que siempre sorprende: una memoria desarrollada, dibujos pormenorizados en sus detalles, una gran habilidad para la música o cierta facilidad para las operaciones matemáticas, son algunos ejemplos de estos islotes competenciales.

El desarrollo emocional de este alumnado es complejo y no siempre se ha acertado a describir lo que ocurre en ese mundo interior; en muchos casos, ha sido necesaria la ayuda de los propios sujetos, cuando ya adultos, han dado a conocer sus experiencias, es el caso de Birger Sellin o Temple Gardin; a través de ellos, se conoce como son los sentimientos y emociones y, también, las dificultades que tienen para poder expresarlas.

Los últimos estudios epidemiológicos ofrecen datos significativos sobre el aumento en la población infantil de los casos de trastornos generalizados del desarrollo. Algunos autores lo achacan a los instrumentos más precisos utilizados para estos estudios, a los mejores criterios diagnósticos que actualmente se utilizan, a la mayor especialización de los profesionales; otros creen que hay un aumento real de casos, aunque las causas aún no sean conocidas; en cualquier cas, la relevancia de estos datos no deja de tener importancia, en orden a la previsión de servicios para esos niños como lo hace notar Fombone (2005). Este autor señala, que la mejor estimación disponible de la prevalencia de estos trastornos generalizados del desarrollo en conjunto sitúa alrededor de 60/10.000 o 0,6% y que esta estimación es superior a la del síndrome de Down, fibrosis quística y otras condiciones médicas graves que afectan a los niños.

Podéis encontrar más información en la página Día Mundial del Austimo

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