La Educación para la Igualdad y la No Discriminación

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Desde que en 1948 se elabora la Declaración Universal de los Derechos Humanos, muchas han sido las acciones políticas desarrolladas en diferentes países, incluido España, para garantizar una educación de calidad en igualdad de condiciones y bajo el principio de no discriminación.

En el marco de nuestra Constitución (1978) encontramos diferentes artículos en los que se plantea fundamentalmente este derecho, como ejemplos:

Artículo 27; donde se reconoce el derecho a la educación de todos los ciudadanos. Se destaca que la educación tendrá como objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos, siendo una enseñanza básica obligatoria y gratuita.

Artículo 14; los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de su nacimiento, raza, sexo, religión o cualquier otra contradicción personal o social.

Artículo 9; corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas […]

Por otra parte desde la Ley Orgánica 8/1985, de 3 de julio, reguladora del Derecho a la Educación (LODE), se hace explícito y concreta tal derecho haciendo hincapié en el acceso de los alumnos a la educación en condiciones de no discriminación por razones ideológicas, religiosas, morales, sociales, de raza o de nacimiento.

La Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOE), modificada por la Ley Orgánica 8/3013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa (LOMCE), plantea la necesidad de realizar un esfuerzo compartido por parte de las Administraciones educativas, la comunidad escolar y la sociedad en su conjunto, que apoye a los centros docentes en el avance hacia una educación de calidad y garantice el éxito escolar de todo el alumnado.

El término igualdad ha ido evolucionando hacia planteamientos cada vez más exigentes. Actualmente empleamos el término Equidad como sinónimo haciendo hincapié en dos ideas fundamentales:

a) La justicia que debe caracterizar la acción educativa de manera que ésta pueda responder a las aspiraciones de todos los ciudadanos con criterios y objetivos comunes.
b) Y la diversidad de posibilidades y situaciones en que se encuentran los alumnos y que debe orientar las decisiones en el ámbito educativo.

Desde este doble planteamiento se apuesta por una educación capaz de equilibrar una oferta educativa común para todos que garantice el acceso y permanencia del alumnado en el sistema educativo así como una formación básica, al tiempo que da respuesta a las diferentes situaciones personales, sociales, culturales y familiares del conjunto del alumnado.

Desde este planteamiento Marchesi y Martín (2000) identifican diferentes niveles para hablar de igualdad:

a) igualdad de oportunidades, ofreciendo las mismas posibilidades. La igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres a o que se refiere la LOE en su artículo 1, por ejemplo, educación no sexista o coeducación.
b) igualdad de acceso a través de la eliminación de barreras que lo dificulten. Tanto para aquellas personas que presenten algún tipo de discapacidad como aquellas cuya barrera es el idioma.
c) igualdad en el tratamiento educativo, eliminando la desigualdad entre centros.
d) igualdad de resultados como objetivos educativos a alcanzar.

Para garantizar este principio fundamental estos autores proponen diferentes medidas en los centros que van a favorecer una educación basada en la igualdad y la no discriminación:

– Revisión de los currículos

El primer paso para garantizar la equidad es adaptar el currículo a la realidad específica de cada centro y a las características del alumnado a través de las concreciones curriculares que se detallan el Proyecto Educativo del centro. El Plan de Atención a la Diversidad constituye, en este sentido, un documento donde poder reflejar el tipo de respuesta curricular adaptada a las necesidades educativas de todo el alumnado del centro con el objetivo de que todos alcancen el máximo desarrollo de sus capacidades y competencias, bajo un enfoque de inclusión y no discriminación.

– Modificar la cultura y organización del centro

Bajo esta perspectiva son varios factores los que se han de valorar: el clima del centro y de convivencia basado en la igualdad de oportunidades y derechos fundamentales rechazando todas aquellas manifestaciones que supongan exclusión. Facilitar y potenciar la participación de todas las familias y alumnos en la vida del centro posibilitando los medios y ayudas que sean necesarios (sistemas de becas, traducción de documentos en diferentes idiomas, etc.). Flexibilizar los recursos organizativos del centro para garantizar la inclusión de todo el alumnado indistintamente de sus diferencias.

Bajo este referentes los centros han de diseñar un Plan de Convivencia donde mostrar el conjunto de actuaciones concretas que se desarrollan en el centro para garantizar estos principios básicos y luchar antes las actitudes de discriminación por razones de sexo, raza o razones culturas o religiosas.

La atención y acogida a los alumnos que se incorporan de forma tardía al sistema educativo procedentes de sistemas educativos extranjeros, está suponiendo una necesidad que los centros educativos han de valorar con el objetivo de ofrecer una respuesta ajustada a las necesidades especificas de apoyo educativo que esta población presenta.

-Por último, Revisar el proceso de instrucción a nivel de aula

Este conjunto de respuestas adquieren todo su sentido y tiene su desarrollo en el aula, de manera que, será fundamental que el conjunto de docentes desarrollen actuaciones concretas que han de todos los principios descritos una realidad y no una simple declaración de intenciones.
Así pues será fundamental, entre otros:

– Detectar necesidades educativas de los alumnos.
– Tener en cuenta los conocimientos previos y plantear respuestas educativas adaptadas a los diferentes estilos de aprendizaje y situaciones de aprendizaje
– Impulsar métodos de enseñanza y aprendizaje que favorezcan la socialización y el aprendizaje cooperativo desde un enfoque intercultural y de respeto mutuo.
– Desarrollar actividades desde el marco de la acción tutorial que promuevan una educación en valores.

Bibliografía
Díaz Aguado, M.J. (2003). “Educación intercultural y aprendizaje cooperativo”. Ed.: Pirámide (Anaya)
Marchesi y Martin (2000). “Calidad de la enseñanza en tiempos de cambio”. Ed. Alianza. Madrid

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